Naufragio.

Iba a acostarme temprano cuando mi pecho se fue de mi lado.

Lo busqué entre mis sabanas oscuras, ahora cementerio de inseguridad, miedo, dudas… Mi cuerpo se tortura de sentir mi alma desnuda. Intenta mentirte y callar, dejar que paseemos sin tocarnos, mientras siente que cada uno de sus poros te grita suplicando.

Contigo aprendí lo que es el miedo a sentir mi corazón en tus manos….

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William Turner. El naufragio.

 

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Hoy ha muerto mi abuela.

Parece que esperabas a que aterrizase mi avión para poder irte en paz. Tras dos semanas metidas todas en el hospital, vagando entre la neblina de tu memoria, llamadas de teléfono, mascarillas y medicación, ya en tu hogar, te has dormido en la eternidad. Recuerdo el último día, cuando te dije que me iba a Bristol. Estabas incorporada y bastante emocionada. No obstante, algo alejada; quizás sentías miedo de expresar que, nuevamente, no recordabas quién te hablaba… Te dije que enviaría fotos para que te las enseñaran. Sabía que, probablemente, sería la última vez que te viera en vida, pero nunca imaginé que sería tan pronto. La vida parece que se rige por estas ironías. Estoy llorando mientras escribo esto pero tengo miedo de no ser consciente de que ya no estás. No puedo estar a tu lado. No puedo recordarte mientras consuelo a Erica y le doy un abrazo. Tengo miedo de que si no lo escribo, si no lo hablo, si no lo digo en alto, no me lo termine de creer. De sentirte siempre como una incomoda ausencia mientras te busco en la Alcayna cruzando de casa en casa, buscándote en tu tumbona o en el punto de la piscina donde te solías tirar. Dios sabe -si es que existe- lo mucho que te solía admirar. Tus fuerzas, tu valentía, tu fuerte carácter, tu resistencia, tus refranes…”una mujer sin información es una mujer sin opinión”…. Incluso tus cortes bordes, fueron, en tus últimos días, los momentos de mayor alegría que nos podías regalar. Pues esa fuerza, poderosa, eras tú.

Ahora solo espero poder mantener tu legado. Pues mujeres fuertes como tú son las que a día de hoy deberían abundar. Mujeres con la cabeza bien alta, orgullosas por haberse levantado en una época en la que apenas podían hablar. Y eso que no lo solías pregonar. Muchas veces te lo intenté sonsacar pero nada, te perdía la humildad. No sé porque elegiste irte hoy. No sé porque no pudiste irte antes o después o tras muchos años más. Pues que triste será que ni Alejandro ni Arancha, tan pequeños, te puedan recordar, con tus virtudes y tus defectos, en toda tu complejidad. O la vida es ironía o querría pensar que sabías dónde yo iba a estar. Que éste será un último intento por hacerme más fuerte y ayudadme a recordar que no debo sentir pena por dejar parte de mi pasado atrás. Realmente te pega, nunca fuiste muy delicada, nos querías a tu manera; enseñando más bien “armas tomar”. Así que aquí estamos. Tu allí y yo aquí. Reflexionando. Mientras miles de aviones sobrevuelan estos cielos nublados.

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Claude Lorrain

Corderos y baobabs.

“I thought that I was rich, with a flower that was unique in all the world; and all I had was a common rose. A common rose, and three volcanoes that come up to my knees–and one of them perhaps extinct forever . . . That doesn’t make me a very great prince . . .”
And he lay down in the grass and cried.

Hace varios días me planteaba si los muebles colgaban del revés en mi habitación. Si mientras yo andaba, mi mente lo malversaba haciéndome subir un gran escalón.

Quede con mi prima mayor para comer y lo pusimos a discursión. Arancha, su hija de apenas tres años (aunque aparente cinco por su exagerada altura), jugaba con un muñeco sobre la mesa mientras, de manera acompasaba, picoteaba trozos de nachos de nuestro bol.

Mientras comíamos, tal y como en una hermana mayor, la mirada de Erica -mi prima- me incomodaba. Pese a que no solemos vernos ella hace honor a su nombre permaneciendo siempre eterna en mi. Si voy a hacer algo, ella es siempre la primera persona a quien se lo voy a contar. El problema, actualmente, es que ella aún tiene la capacidad de verme en mi mejor versión. Me sigue tratando como la niña que fui y que admiraba, fuerte y valiente como un león, cuando ahora me siento como un cordero pequeñito, perdido en el fondo de un cajón. Lejos de exacerbarme, me entristece. Me duele defraudar y mis miedos y debilidad con ella se convierten en algo natural y fácil de superar. Me hace sentir estúpida.

En un momento dado, inesperado, me regaló una libreta que rápidamente me había comprado mientras yo perdía a la niña en el laberinto de la curiosidad, y en el placer que era pasear por la sección de arte y pintura del centro comercial. La libreta era de El Principito, de tapa roja, vintage, que empezaba con la pequeña frase que abre mi post delante, terminando con el pequeño zorro detrás. Me dolió sentirme identificada con aquel pequeño niño que se sentía chiquitín y hundido, mientras en cambio, lograba mantener un planeta lleno de enormes baobabs y una rosa que sentía tan especial. Un pensamiento que contrastaba con su dedicatoria, de una sabiduría y positividad similar a la del astuto animal.

Ojala pudiera cambiar y convertir el reflejo de mi imagen en sus pupilas en mi realidad.

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“Reflection” de  Xooang Choi, 2012.

Pd. Me cuesta horrores escribir cuando no estoy deprimida, ¿esto es normal?

¿Cuándo has tocado fondo?

Estoy quemada. Muchísimo. Y creo que es por callar. Aquellos pensamientos que no solté en su momento ahora me arden por dentro. Digo, pienso y ataco a quien no hay que atacar. Admiro a Reverte, su orgullo y su fuerza para ensartar. Craso error, yo siempre creí que era mejor callar.

Hoy sin embargo se me fue la mano y lo deje escapar. Dije lo que había que decir. Sin embargo, no me siento ni bien ni mal. ¿He tocado fondo? Estoy cansada, apática y sentada. Se suele decir que cuando lo rozas con las yemas de tus dedos al poco te vuelves a levantar. ¿Y cuando no quieres hacerlo? Ayer sabía llorar y me tuve que secar por dentro, porque hoy estoy muerta. Han desaparecido hasta mis arrepentimientos.

Llevo sentada en mi cuarto ya una hora. La pintura de Ophelia de John Waterhouse cuelga en mi mente. La podría dibujar. Ese sentimiento de levitación, de paz. Recuerdo cuando me dejaba llevar igual en la piscina, sintiendo tanto mi pelo como mis dedos rebolotear, mientras el sonido del vacío me absorbía y aislaba dentro de ese azul intenso que es el cielo aquí, sin apenas nubes, protegida en una pequeña pero trasparente esfera de cristal. Creo que ha sido la única soledad agradable que supe disfrutar. En cuanto salí, se evaporó. Ahora solo puedo mirar con envidia ese sentimiento, ese instante inerte que crea esta magnífica pintura. Aquellos que no saben de arte lo creerán normal, “los cuadros son estáticos” dirán, sin embargo las buenas pinturas están vivas, en continuo movimiento y es raro encontrar ese sentimiento de ausencia que me trasmite entre nenúfares y juncos la faz inmutable de Ophelia a medio sumergir. A mi pareja en cambio no le gusta ni un ápice. Ayer me miró preocupado mientras la estaba observando. Me dijo que estaba muerta, serio y asustado, esperaba una respuesta que no le quise dar. Si os digo la verdad nunca supe si esa era la realidad. Tampoco me importó. Me importa su paz.

Yo era feliz. Pero de pequeña tenía unas fuerzas para comerme el mundo que no se correspondieron con la realidad. Y el mundo me comió a mi. Leía, y como sus personajes me creía fuerte; ahora en cambio creo que la lectura me hizo más débil. Muchos piensan que estamos viviendo el fin del arte y de la humanidad. Puede que tengan razón, sería muy presuntuoso ponerse a la par, pero yo, que parece que crecí con ellos, ahora también me muero en soledad. Soy débil porque soy sensible. Pero soy humilde. También me considero buena persona. Tres veces débil, como tres veces se repite la M en mi nombre y como tres son las personas que componen mi ser: quien soy yo, la fortaleza de mi madre y el amor de mi pareja. Pero pese a su apoyo, demasiado débil para un mundo que encuentro lleno de maldad.

Nunca me he creído por encima de nadie. Nunca he buscado herir a nadie. Como dije, no me considero mala persona sino todo lo mejor. Doy todo por no sólo mis amigos sino por todos aquellos que me conocen. Nunca he escondido mis brazos ni retirado mis manos. ¿Lo tengo en mi frente? ¿esa diana que te da permiso para atacar? Al principio busqué esconderla debajo de una coraza de hierro pero no de cañón. Pero da igual, se me tiene que notar. Que soy sensible, humilde y buena. Dicho así parece que no me hago nada más que halagar. Pero si fuera eso lo que quisiera habría escogido: fuerte, sabia y leal. Lo otro tan solo son dianas de dolor, con esto último al menos tendría una armadura con la que sentirme en paz.

No sufro bulling. Simplemente ya no sé identificar lo falso de lo real. Si mis ojos y mis oídos mienten por la desesperación de mi mente que sólo me quiere destrozar. Muchas veces he tenido que preguntar: ¿esto es normal? ¿suena así de mal o es mi autoestima que usa sus palabras para herirme?. Porque el autoestima a mi no me ataca al cuerpo, sino a mi alma que es mi debilidad. Soy débil. Soy ignorante. Soy estúpida. Mujer, y mala.

Admiro mi infancia. La añoro. Creo que es mi único tesoro. Todo lo demás lo podéis quemar. Admiro cuando pensaba todo lo que podía lograr. Sé que podría haber sido mucho si se me hubiera dado la oportunidad.

Siento a una mujer victoriana pero de bonito vestido estampado, algo apagado, ajado, sentada a mi lado. Noto frío pese a que ella es cálida. Creo que siempre estuvo a mi lado al madurar…

 

Cortometraje #Stopbullying!

Hace unos meses iniciamos este pequeño cortometraje con el fin de llevarlo a un concurso de Hacker… pero quisimos darle la vuelta a la idea con el fin de hacer algo más social y que nos permitiera aportar nuestro pequeño granito de arena al mundo.

Fue una experiencia magnífica que @mynameisPaul y yo estamos deseando repetir. Los niños fueron geniales y nos sorprendieron a todos con sus actuaciones. ¡Y eso que los muy bichos se ponían a jugar al “Clash Royale” mientras los grabábamos con los móviles!. Pero esto no habría sido posible sin el permiso de sus padres que, pese a nuestra nula experiencia, confiaron en nosotros y nos han permitido difundir este vídeo a fin de concienciar al resto de niños que lo están viendo o lo han visto en sus aulas:

 

Sabemos que es nuestro primer cortometraje y ahora hay muchas cosas que cambiaríamos, mejoraríamos el guión, haríamos más tomas… pero por algo hay que empezar.

Creo que la mayor satisfacción que he recibido hasta el momento ha sido precisamente por parte de mis dos primitas pequeñas de 5 y 7 años a las que tanto adoro. Cuando vieron el video, alarmadas, no pararon de hacerme preguntas como: –¿Es de mentira o de verdad?”– o  -¿¡Por qué le pegan!?“. Las vi super indignadas y gracias al vídeo y a las respuestas de sus padres ahora, a tan temprana edad, están muy concienciadas al respecto y se sienten como superheroínas por el cole, en busca de malvados y abusones.

Por otra parte siento la necesidad de expresar mi enorme agradecimiento a todas esas personas que, a pesar de no conocerme en persona, nos animan y apoyan en nuestro proyecto a través de las redes sociales. Cuando ves como el mundo se autodestruye por acciones como estas, no sabéis la enorme satisfacción que da recibir apoyos tan altruistas de tan buenas personas.

Por eso, muchas gracias a todos y esperamos que, pese a sus defectos, os guste el vídeo y nos ayudéis a difundirlo haciendo posible que más niños y niñas, como les pasó a mis primas, sean concienciados al respecto.

¡Hasta el próximo!.

 

Nuevo dibujo.

Primeros fails... Es lo que tiene el bolígrafo.

¿A que no averiguáis dónde me he equivocado de manera “tan cucqui”?

Es gracioso, porque ahora seguramente de manera comercial, ganará más que antes de la ausencia del susodicho “corazón”…

 

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Paul Newman y Joanne Woodward

Vuelvo a dibujar.

Como veis, tras dos años, estoy retomando el dibujo.

Todo ha sido gracias a una confluencia de acontecimientos personales entre los que se hayan mis propias reflexiones y mi reencuentro con mis dos mejores amigos de la facultad de Bellas Artes, dos grandes artistas que, comprometidos, han sabido mantener su esencia y su arte pese a las presiones contemporáneas actuales: las instalaciones, las performances, el “arte contemporáneo”… que de contemporáneo no tiene nada, si consideramos que se lleva haciendo lo mismo desde los años 40…

Pero, sinceramente, creo que el inicio de todo fue a raíz de visitar el museo de Ramón Gaya. Allí, con sus reflexiones y sus pinturas- al fin y al cabo una extensión más de sus pensamientos– me dí cuenta de que el verdadero arte no es sólo aquel del que hablan los libros. Volví a descubrir a mi yo del pasado, aquella que dibujaba aquello que admiraba, pues al fin y al cabo el arte era una extensión más de su propia admiración, pensamientos, críticas y compromisos. Es aquel dibujo que pese a ser cutre en él había puesto todo mi sentimiento. Y que lo había reflexionado. Y no hablo de la reflexión para justificar su condición de arte “liberal”. Sobre eso ya ha llovido demasiado. Digo reflexión porque en la carrera no nos dejaban reflexionar. Era tenerlo todo -YA-. Las prisas anulan la sensibilidad y el amor que procesamos cuando creamos una obra. Te conviertes en un autómata, empiezas a dibujar peor, sin ganas, si tienes un poco de consideración en tu persona, empiezas a despreciar tu propio arte corrompido, o por consiguiente, te conviertes en otra de esas muchas personas vendidas que dan más importancia a la cantidad de exposiciones y likes que tienen en sus redes que a la calidad y el consiguiente respeto que tienes por tu propio trabajo.

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No es nada del otro mundo pero no podía esperar a desarrollar otro dibujo para demostrároslo, pues sólo este boceto y otro más me costo 3 días en los que debía haber estado estudiando, aquí, en pleno mes de enero. Pero sobretodo no podía esperar a demostrármelo a mi misma. Pues, es mi blog y está por escrito y, como un pacto por el diablo, si esta escrito, esta firmado y no me puedo volver a retractar. Como la acuarela y el boli con la que estoy empezando mis primeros dibujos. Diréis que estoy loca porque son técnicas complicadas que no me permiten borrar. Eso me permite pensar. Reflexionar. Encontrar la paciencia y el respeto a mi propia obra y a mis propias palabras y actos, los cuales tampoco puedo borrar. Y con este pequeño consejo, con tan solo un boli y un papel, retomar el valor a nuestra verdadera identidad y originalidad, la cual se pierde, globalizada y estandarizada entre tanto subnormal