Vuelvo a dibujar.

Como veis, tras dos años, estoy retomando el dibujo.

Todo ha sido gracias a una confluencia de acontecimientos personales entre los que se hayan mis propias reflexiones y mi reencuentro con mis dos mejores amigos de la facultad de Bellas Artes, dos grandes artistas que, comprometidos, han sabido mantener su esencia y su arte pese a las presiones contemporáneas actuales: las instalaciones, las performances, el “arte contemporáneo”… que de contemporáneo no tiene nada, si consideramos que se lleva haciendo lo mismo desde los años 40…

Pero, sinceramente, creo que el inicio de todo fue a raíz de visitar el museo de Ramón Gaya. Allí, con sus reflexiones y sus pinturas- al fin y al cabo una extensión más de sus pensamientos– me dí cuenta de que el verdadero arte no es sólo aquel del que hablan los libros. Volví a descubrir a mi yo del pasado, aquella que dibujaba aquello que admiraba, pues al fin y al cabo el arte era una extensión más de su propia admiración, pensamientos, críticas y compromisos. Es aquel dibujo que pese a ser cutre en él había puesto todo mi sentimiento. Y que lo había reflexionado. Y no hablo de la reflexión para justificar su condición de arte “liberal”. Sobre eso ya ha llovido demasiado. Digo reflexión porque en la carrera no nos dejaban reflexionar. Era tenerlo todo -YA-. Las prisas anulan la sensibilidad y el amor que procesamos cuando creamos una obra. Te conviertes en un autómata, empiezas a dibujar peor, sin ganas, si tienes un poco de consideración en tu persona, empiezas a despreciar tu propio arte corrompido, o por consiguiente, te conviertes en otra de esas muchas personas vendidas que dan más importancia a la cantidad de exposiciones y likes que tienen en sus redes que a la calidad y el consiguiente respeto que tienes por tu propio trabajo.

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No es nada del otro mundo pero no podía esperar a desarrollar otro dibujo para demostrároslo, pues sólo este boceto y otro más me costo 3 días en los que debía haber estado estudiando, aquí, en pleno mes de enero. Pero sobretodo no podía esperar a demostrármelo a mi misma. Pues, es mi blog y está por escrito y, como un pacto por el diablo, si esta escrito, esta firmado y no me puedo volver a retractar. Como la acuarela y el boli con la que estoy empezando mis primeros dibujos. Diréis que estoy loca porque son técnicas complicadas que no me permiten borrar. Eso me permite pensar. Reflexionar. Encontrar la paciencia y el respeto a mi propia obra y a mis propias palabras y actos, los cuales tampoco puedo borrar. Y con este pequeño consejo, con tan solo un boli y un papel, retomar el valor a nuestra verdadera identidad y originalidad, la cual se pierde, globalizada y estandarizada entre tanto subnormal

 

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