¿Cuándo has tocado fondo?

Estoy quemada. Muchísimo. Y creo que es por callar. Aquellos pensamientos que no solté en su momento ahora me arden por dentro. Digo, pienso y ataco a quien no hay que atacar. Admiro a Reverte, su orgullo y su fuerza para ensartar. Craso error, yo siempre creí que era mejor callar.

Hoy sin embargo se me fue la mano y lo deje escapar. Dije lo que había que decir. Sin embargo, no me siento ni bien ni mal. ¿He tocado fondo? Estoy cansada, apática y sentada. Se suele decir que cuando lo rozas con las yemas de tus dedos al poco te vuelves a levantar. ¿Y cuando no quieres hacerlo? Ayer sabía llorar y me tuve que secar por dentro porque hoy estoy muerta. Han desaparecido hasta mis arrepentimientos.

Llevo sentada en mi cuarto ya una hora. La pintura de Ophelia de John Waterhouse cuelga en mi mente. La podría dibujar. Ese sentimiento de levitación, de paz. Recuerdo cuando me dejaba llevar igual en la piscina, sintiendo mi pelo como mis dedos rebolotear, mientras el sonido del vacío me absorbía y aislaba dentro de ese azul intenso que es el cielo aquí, sin apenas nubes, protegida en una pequeña pero trasparente esfera de cristal. Creo que ha sido la única soledad agradable que supe disfrutar. En cuanto salí, se evaporó. Ahora solo puedo mirar con envidia ese sentimiento, ese instante inerte que crea esta magnífica pintura. Aquellos que no saben de arte lo creerán normal, “los cuadros son estáticos” dirán, sin embargo las buenas pinturas están vivas, en continuo movimiento y es raro encontrar ese sentimiento de ausencia que me trasmite entre nenúfares y juncos la faz inmutable de Ophelia a medio sumergir. A mi pareja en cambio no le gusta ni un ápice. Ayer me miró preocupado mientras la estaba observando. Me dijo que estaba muerta, serio y asustado, esperaba una respuesta que no le quise dar. Si os digo la verdad nunca supe si esa era la realidad. Tampoco me importó. Me importa su paz.

Yo era feliz. Pero de pequeña tenía unas fuerzas para comerme el mundo que no se correspondieron con la realidad. Y el mundo me comió a mi. Leía y como sus personajes me creía fuerte, ahora en cambio creo que la lectura me hizo más débil. Muchos piensan que estamos viviendo el fin del arte y de la humanidad. Puede que tengan razón, sería muy presuntuoso ponerse a la par, pero yo, que parece que crecí con ellos, ahora también me muero en soledad. Soy débil porque soy sensible. Pero soy humilde. También me considero buena persona. Tres veces débil, como tres veces se repite la M en mi nombre y como tres son las personas que componen mi ser: quien soy yo, la fortaleza de mi madre y el amor de mi pareja. Pero pese a su apoyo, demasiado débil para un mundo que encuentro lleno de maldad.

Nunca me he creído por encima de nadie. Nunca he buscado herir a nadie. Como dije no me considero mala persona sino todo lo mejor. Doy todo por no sólo mis amigos sino por todos aquellos que me conocen. Nunca he escondido mis brazos ni retirado mis manos. ¿Lo tengo en mi frente? ¿esa diana que te da permiso para atacar? Al principio busqué esconderla debajo de una coraza de hierro pero no de cañón. Pero da igual, se me tiene que notar. Que soy sensible, humilde y buena. Dicho así parece que no me hago nada más que halagar. Pero si fuera eso lo que quisiera habría escogido: fuerte, sabia y leal. Lo otro tan solo son dianas de dolor, con esto último al menos tendría una armadura con la que sentirme en paz.

No sufro bulling. Simplemente ya no sé identificar lo falso de lo real. Si mis ojos y mis oídos mienten por la desesperación de mi mente que sólo me quiere atacar. Muchas veces he tenido que preguntar: ¿esto es normal? ¿suena así de mal o es mi autoestima que usa sus palabras para herirme?. Porque el autoestima a mi no me ataca al cuerpo sino mi alma que es mi debilidad. Soy débil. Soy ignorante. Soy estúpida. Mujer y mala.

Admiro mi infancia. La añoro. Creo que es mi único tesoro. Todo lo demás lo podéis quemar. Admiro cuando pensaba todo lo que podía lograr. Sé que podría haber sido mucho si se me hubiera dado la oportunidad.

Siento a una mujer victoriana pero de bonito vestido estampado, algo apagado, ajado, sentada a mi lado. Noto frío pese a que ella es cálida. Creo que siempre estuvo a mi lado al madurar…

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