¿Y ahora qué?

A veces, encuentro mi personalidad
muerta dentro un espejo de la habitación,
en una profunda mancha negra y
violeta de alquitrán.

La luz es sombra y mis pasos de metal.
En un salón, frío, invertido,
corrompido con cuadros de muecas insolentes.
Cuyos personajes ríen, pero en el fondo,
se burlan y fingen.

Porque hoy día todo el mundo finge.

¿La hipocresía? A la orden del día.
El ego embadurna cada relación.
Un toma y daca corrupto,
una firma a tu propia corrosión.
Te pierdes entre tus manos por todo aquello que entra ante tus ojos…

Y quisiera ser ciega, ignorante, y ajena.
Me digo mientras las raíces quebrantan el suelo agarrándome
e impidiéndome avanzar.
Porque yo también he sido absorbida y retorcida,
molde de la sociedad.

Y pese a que miras, no ves.  
Pues con los ojos llenos de betún,
sólo te permiten ver aquello que quisieras ser.
Pero algún día ese velo caerá.
Y volverá.
Parece innato volver a tropezar.
Eva, Pandora, apenas fueron títeres de alguien más.
El paraíso no existe y nosotros somos de cristal.
Frágiles, tenues… se volverá a nublar. 

Pero seguiré luchando. Ciega o vidente
por todos aquellos que vieron y no quisieron perecer.
Por aquellos que no se exiliaron y se sacrificaron,
leprosos en un mundo de falsa complacencia.
Porque pese a que mis gritos sean mudos, mi fuerza, fuego.
Y seguiré ardiendo.
Y consumiéndome.
Y muriendo.
Pero mientras tanto escupiré llamas y prenderé a mi alrededor.
Porque, al mismo tiempo,
                revivo en cada grito de mi voz.

Euphrosyne.

triptico-san-antonio-abad
El Bosco. Tríptico de las tentaciones de San Antonio, 1501.
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Fuego.

A veces, encuentro mi personalidad muerta dentro un espejo de la habitación, en una profunda mancha negra y violeta de alquitrán. La luz es sombra y mis pasos son de metal. El salón, frío, se encuentra invertido y corrompido con cuadros de muecas insolentes. Sus personajes ríen, pero en el fondo, se burlan y  fingen. Porque hoy día todo el mundo finge. ¿La hipocresía? A la orden del día. El ego embadurna cada relación. Un toma y daca corrupto, una firma a tu propia corrosión. Te pierdes entre tus manos por todo aquello que entra ante tus ojos…

Y quisiera ser ciega, ignorante, y ajena. Me digo mientras las raíces quebrantan el suelo agarrándome e impidiéndome avanzar. Porque yo también he sido absorbida y retorcida, moldeada a gusto por la sociedad. Y pese a que miras, no ves.  Pues con los ojos llenos de betún, sólo te permiten ver aquello que quisieras ser. Pero algún día ese velo caerá. Y volverá. Parece innato volver a tropezar. Eva, Pandora, apenas fueron títeres de alguien más. El paraíso no existe y nosotros somos de cristal. Frágiles, tenues, algo nos volverá a nublar.
Pero seguiré luchando. Ciega o vidente por todos aquellos que vieron y no quisieron perecer. Por aquellos que no se exiliaron y se sacrificaron, leprosos en un mundo de falsa complacencia. Porque pese a que mis gritos sean mudos, mi fuerza, fuego. Y seguiré ardiendo. Y consumiéndome. Y muriendo. Pero mientras tanto escupiré llamas y prenderé a mi alrededor. Porque, al mismo tiempo, revivo en cada grito de mi voz.

Euphrosyne.

triptico-san-antonio-abad
El Bosco. Tríptico de las tentaciones de San Antonio, 15O

Tu mirada

Recuerdo.
Siempre me ha costado recordar.

Lo bueno se hace efímero mientras que lo malo persiste. Sientes con intensidad, tanto los llantos más profundos como las sonrisas más sinceras. Pero el lugar… No veo el espacio, sólo lo siento. Si me preguntan dónde estuve, ni lo sabría situar. Se ven las caras pixeladas en mi memoria…

Aun así hay una imagen que no puedo olvidar. En color, en forma, en rasgos…podría estar vacía. Podría ser otra ordinaria rosa en un rosal. Pero aquí está, en mi mente, como la imagen de una polaroid. Cómo una pintura que vive por su pasión y como un bosque verde que refresca mis entrañas, al tiempo que un fuego ardiente para mi corazón.

Su mirada. Pero cuando me mira con sus bonitos ojos verdes entrecerrados al sonreír. Barcos de sus sentimientos, fuentes de una mirada desbordante de amor incondicional. Crecemos, envejecemos… pero sigue ahí, imperecedera, ajena. Sonríe como primer día y hechicera desvanece mi dolor. Ni siquiera deja que esté sola. Podría visualizarla, pintarla, esculpirla, moldearla… Para ella el tiempo y el espacio no son nada. ¡Dios!, no conozco nada más fuerte que su mirada… Así que, cariño, sólo sé con certeza, que si el mundo se para, yo con gusto me quedaría absorta en tus pardas esmeraldas.

 Euphrosyne

Pedro Salinas

Posesión de tu nombre,
sola que tú permites,
felicidad, alma sin cuerpo.
Dentro de mí te llevo
porque digo tu nombre,
felicidad, dentro del pecho.
«Ven»: y tú llegas quedo;
«vete»: y rápida huyes.
Tu presencia y tu ausencia
sombra son una de otra,
sombras me dan y quitan.
(¡Y mis brazos abiertos!)
Pero tu cuerpo nunca,
pero tus labios nunca,
felicidad, alma sin cuerpo, sombra pura.

Pedro Salinas

 

Gian Lorenzo Bernini, Apollo y Dafne. Galería Borghese. 1622–1625

Luis Cernuda

A UN POETA MUERTO

Así como en la roca nunca vemos
La clara flor abrirse,
Entre un pueblo hosco y duro
No brilla hermosamente
El fresco y alto ornato de la vida.
Por esto te mataron, porque eras
Verdor en nuestra tierra árida
Y azul en nuestro oscuro aire.

Leve es la parte de la vida
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.

Triste sino nacer
Con algún don ilustre
Aquí, donde los hombres
En su miseria sólo saben
El insulto, la mofa, el recelo profundo
Ante aquel que ilumina las palabras opacas
Por el oculto fuego originario.

La sal de nuestro mundo eras,
Vivo estabas como un rayo de sol,
Y ya es tan sólo tu recuerdo
Quien yerra y pasa, acariciando
El muro de los cuerpos
Con el dejo de las adormideras
Que nuestros predecesores ingirieron
A orillas del olvido.

Si tu ángel acude a la memoria,
Sombras son estos hombres
Que aún palpitan tras las malezas de la tierra;
La muerte se diría
Más viva que la vida
Porque tú estás con ella,
Pasado el arco de tu vasto imperio,
Poblándola de pájaros y hojas
Con tu gracia y tu juventud incomparables.

Aquí la primavera luce ahora.
Mira los radiantes mancebos
Que vivo tanto amaste
Efímeros pasar junto al fulgor del mar.
Desnudos cuerpos bellos que se llevan
Tras de sí los deseos
Con su exquisita forma, y sólo encierran
Amargo zumo, que no alberga su espíritu
Un destello de amor ni de alto pensamiento.

Igual todo prosigue,
Como entonces, tan mágico,
Que parece imposible
La sombra en que has caído.
Mas un inmenso afán oculto advierte
Que su ignoto aguijón tan sólo puede
Aplacarse en nosotros con la muerte,
Como el afán del agua,
A quien no basta esculpirse en las olas,
Sino perderse anónima
En los limbos del mar.

Pero antes no sabías
La realidad más honda de este mundo:
El odio, el triste odio de los hombres,
Que en ti señalar quiso
Por el acero horrible su victoria,
Con tu angustia postrera
Bajo la luz tranquila de Granada,
Distante entre cipreses y laureles,
Y entre tus propias gentes
Y por las mismas manos
Que un día servilmente te halagaran.

Para el poeta la muerte es la victoria;
Un viento demoníaco le impulsa por la vida,
Y si una fuerza ciega
Sin comprensión de amor
Transforma por un crimen
A ti, cantor, en héroe,
Contempla en cambio, hermano,
Cómo entre la tristeza y el desdén
Un poder más magnánimo permite a tus amigos
En un rincón pudrirse libremente.

Tenga tu sombra paz,
Busque otros valles,
Un río donde del viento
Se lleve los sonidos entre juncos
Y lirios y el encanto
Tan viejo de las aguas elocuentes,
En donde el eco como la gloria humana ruede,
Como ella de remoto,
Ajeno como ella y tan estéril.

Halle tu gran afán enajenado
El puro amor de un dios adolescente
Entre el verdor de las rosas eternas;
Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
Tras de tanto dolor y dejamiento,
Con su propia grandeza nos advierte
De alguna mente creadora inmensa,
Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
Y luego le consuela a través de la muerte.

Como leve sonido:
hoja que roza un vidrio,
agua que acaricia unas guijas,
lluvia que besa una frente juvenil;

Como rápida caricia:
pie desnudo sobre el camino,
dedos que ensayan el primer amor,
sábanas tibias sobre el cuerpo solitario;

Como fugaz deseo:
seda brillante en la luz,
esbelto adolescente entrevisto,
lágrimas por ser más que un hombre;

Como esta vida que no es mía
y sin embargo es la mía,
como este afán sin nombre
que no me pertenece y sin embargo soy yo;

Como todo aquello que de cerca o de lejos
me roza, me besa, me hiere,
tu presencia está conmigo fuera y dentro,
es mi vida misma y no es mi vida,
así como una hoja y otra hoja
son la apariencia del viento que las lleva.

Como una vela sobre el mar
resume ese azulado afán que se levanta
hasta las estrellas futuras,
hecho escala de olas
por donde pies divinos descienden al abismo,
también tu forma misma,
ángel, demonio, sueño de un amor soñado,
resume en mí un afán que en otro tiempo levantaba
hasta las nubes sus olas melancólicas.

Sintiendo todavía los pulsos de ese afán,
yo, el más enamorado,
en las orillas del amor,
sin que una luz me vea
definitivamente muerto o vivo,
contemplo sus olas y quisiera anegarme,
deseando perdidamente
descender, como los ángeles aquellos por la escala de espuma,
hasta el fondo del mismo amor que ningún hombre ha visto.

Luis Cernuda

 

Velazquez. El triunfo de Baco, Museo del Pradro. 1629.

Pedro Salinas

Cerrado te quedaste, libro mío.
Tú, que con la palabra bien medida
me abriste tantas veces la escondida
vereda que pedía mi albedrío,

esta noche de julio eres un frío
mazo de papel blanco. Tu fingida
lumbre de buen amor está encendida
dentro de mí con no fingido brío.

Pero no has muerto, no, buen compañero
que para vida superior te acreces:
el oro que guardaba tu venero

hoy está libre en mí, no en ti cautivo,
y lo que me fingiste tantas veces
aquí en mi corazón lo siento vivo.

                                    Pedro Salinas

Monet, Orangerie de las Tullerías, París, 1920 -26.

Improvisación I.

Nervios y taquicardia en mi corazón al abrazarme a tu lado.
Te contemplo en la oscuridad de este abismo de soledad que es la noche.
Mi mente a cien por hora se frena en seco cuando te miro.

Ahora alzó mi mano, gélida, temblorosa.
No te veo, pero te siento sutil, veloz, experta.
Ello me produce placer, satisfacción, mi respiración cesa.
Cesa.

La valentía ganó su primera batalla al temor.
Me dejó llevar, rozar, sentir.
En la oscuridad mi alma parece volver a brillar.

Improvisación I. Primer escrito.”

Jean-Auguste-Dominique Ingres - La Baigneuse Valpinçon.jpg
Ingres. La bañista de ValpinÇon. Museo del Louvre.1808.