Tu mirada

Recuerdo.
Siempre me ha costado recordar.

Lo bueno se hace efímero mientras que lo malo persiste. Sientes con intensidad, tanto los llantos más profundos como las sonrisas más sinceras. Pero el lugar… No veo el espacio, sólo lo siento. Si me preguntan dónde estuve, ni lo sabría situar. Se ven las caras pixeladas en mi memoria…

Aun así hay una imagen que no puedo olvidar. En color, en forma, en rasgos…podría estar vacía. Podría ser otra ordinaria rosa en un rosal. Pero aquí está, en mi mente, como una polaroid. Cómo una pintura que vive por su pasión y como un bosque verde que refresca mis entrañas, al tiempo que un fuego ardiente para mi corazón.

Su mirada. Pero cuando me mira con sus bonitos ojos verdes entrecerrados al sonreír. Barcos de sus sentimientos, fuentes de una mirada desbordante de amor incondicional. Crecemos, envejecemos… pero sigue ahí, imperecedera, ajena. Sonríe como primer día y hechicera desvanece mi dolor. Ni siquiera deja que esté sola. Podría visualizarla, pintarla, esculpirla, moldearla… Para ella el tiempo y el espacio no son nada. ¡Dios!, no conozco nada más fuerte que su mirada… Así que, cariño, sólo sé con certeza, que si el mundo se para, yo con gusto me quedaría absorta en sus pardas esmeraldas.

 Euphrosyne

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Pedro Salinas

Posesión de tu nombre,
sola que tú permites,
felicidad, alma sin cuerpo.
Dentro de mí te llevo
porque digo tu nombre,
felicidad, dentro del pecho.
«Ven»: y tú llegas quedo;
«vete»: y rápida huyes.
Tu presencia y tu ausencia
sombra son una de otra,
sombras me dan y quitan.
(¡Y mis brazos abiertos!)
Pero tu cuerpo nunca,
pero tus labios nunca,
felicidad, alma sin cuerpo, sombra pura.

Pedro Salinas

 

Gian Lorenzo Bernini, Apollo y Dafne. Galería Borghese. 1622–1625

Luis Cernuda

A UN POETA MUERTO

Así como en la roca nunca vemos
La clara flor abrirse,
Entre un pueblo hosco y duro
No brilla hermosamente
El fresco y alto ornato de la vida.
Por esto te mataron, porque eras
Verdor en nuestra tierra árida
Y azul en nuestro oscuro aire.

Leve es la parte de la vida
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.

Triste sino nacer
Con algún don ilustre
Aquí, donde los hombres
En su miseria sólo saben
El insulto, la mofa, el recelo profundo
Ante aquel que ilumina las palabras opacas
Por el oculto fuego originario.

La sal de nuestro mundo eras,
Vivo estabas como un rayo de sol,
Y ya es tan sólo tu recuerdo
Quien yerra y pasa, acariciando
El muro de los cuerpos
Con el dejo de las adormideras
Que nuestros predecesores ingirieron
A orillas del olvido.

Si tu ángel acude a la memoria,
Sombras son estos hombres
Que aún palpitan tras las malezas de la tierra;
La muerte se diría
Más viva que la vida
Porque tú estás con ella,
Pasado el arco de tu vasto imperio,
Poblándola de pájaros y hojas
Con tu gracia y tu juventud incomparables.

Aquí la primavera luce ahora.
Mira los radiantes mancebos
Que vivo tanto amaste
Efímeros pasar junto al fulgor del mar.
Desnudos cuerpos bellos que se llevan
Tras de sí los deseos
Con su exquisita forma, y sólo encierran
Amargo zumo, que no alberga su espíritu
Un destello de amor ni de alto pensamiento.

Igual todo prosigue,
Como entonces, tan mágico,
Que parece imposible
La sombra en que has caído.
Mas un inmenso afán oculto advierte
Que su ignoto aguijón tan sólo puede
Aplacarse en nosotros con la muerte,
Como el afán del agua,
A quien no basta esculpirse en las olas,
Sino perderse anónima
En los limbos del mar.

Pero antes no sabías
La realidad más honda de este mundo:
El odio, el triste odio de los hombres,
Que en ti señalar quiso
Por el acero horrible su victoria,
Con tu angustia postrera
Bajo la luz tranquila de Granada,
Distante entre cipreses y laureles,
Y entre tus propias gentes
Y por las mismas manos
Que un día servilmente te halagaran.

Para el poeta la muerte es la victoria;
Un viento demoníaco le impulsa por la vida,
Y si una fuerza ciega
Sin comprensión de amor
Transforma por un crimen
A ti, cantor, en héroe,
Contempla en cambio, hermano,
Cómo entre la tristeza y el desdén
Un poder más magnánimo permite a tus amigos
En un rincón pudrirse libremente.

Tenga tu sombra paz,
Busque otros valles,
Un río donde del viento
Se lleve los sonidos entre juncos
Y lirios y el encanto
Tan viejo de las aguas elocuentes,
En donde el eco como la gloria humana ruede,
Como ella de remoto,
Ajeno como ella y tan estéril.

Halle tu gran afán enajenado
El puro amor de un dios adolescente
Entre el verdor de las rosas eternas;
Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
Tras de tanto dolor y dejamiento,
Con su propia grandeza nos advierte
De alguna mente creadora inmensa,
Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
Y luego le consuela a través de la muerte.

Como leve sonido:
hoja que roza un vidrio,
agua que acaricia unas guijas,
lluvia que besa una frente juvenil;

Como rápida caricia:
pie desnudo sobre el camino,
dedos que ensayan el primer amor,
sábanas tibias sobre el cuerpo solitario;

Como fugaz deseo:
seda brillante en la luz,
esbelto adolescente entrevisto,
lágrimas por ser más que un hombre;

Como esta vida que no es mía
y sin embargo es la mía,
como este afán sin nombre
que no me pertenece y sin embargo soy yo;

Como todo aquello que de cerca o de lejos
me roza, me besa, me hiere,
tu presencia está conmigo fuera y dentro,
es mi vida misma y no es mi vida,
así como una hoja y otra hoja
son la apariencia del viento que las lleva.

Como una vela sobre el mar
resume ese azulado afán que se levanta
hasta las estrellas futuras,
hecho escala de olas
por donde pies divinos descienden al abismo,
también tu forma misma,
ángel, demonio, sueño de un amor soñado,
resume en mí un afán que en otro tiempo levantaba
hasta las nubes sus olas melancólicas.

Sintiendo todavía los pulsos de ese afán,
yo, el más enamorado,
en las orillas del amor,
sin que una luz me vea
definitivamente muerto o vivo,
contemplo sus olas y quisiera anegarme,
deseando perdidamente
descender, como los ángeles aquellos por la escala de espuma,
hasta el fondo del mismo amor que ningún hombre ha visto.

Luis Cernuda

 

Velazquez. El triunfo de Baco, Museo del Pradro. 1629.

Pedro Salinas

Cerrado te quedaste, libro mío.
Tú, que con la palabra bien medida
me abriste tantas veces la escondida
vereda que pedía mi albedrío,

esta noche de julio eres un frío
mazo de papel blanco. Tu fingida
lumbre de buen amor está encendida
dentro de mí con no fingido brío.

Pero no has muerto, no, buen compañero
que para vida superior te acreces:
el oro que guardaba tu venero

hoy está libre en mí, no en ti cautivo,
y lo que me fingiste tantas veces
aquí en mi corazón lo siento vivo.

                                    Pedro Salinas

Monet, Orangerie de las Tullerías, París, 1920 -26.

Improvisación I.

Nervios y taquicardia en mi corazón al abrazarme a tu lado.
Te contemplo en la oscuridad de este abismo de soledad que es la noche.
Mi mente a cien por hora se frena en seco cuando te miro.

Ahora alzó mi mano, gélida, temblorosa.
No te veo, pero te siento sutil, veloz, experta.
Ello me produce placer, satisfacción, mi respiración cesa.
Cesa.

La valentía ganó su primera batalla al temor.
Me dejó llevar, rozar, sentir.
En la oscuridad mi alma parece volver a brillar.

Improvisación I. Primer escrito.”

Jean-Auguste-Dominique Ingres - La Baigneuse Valpinçon.jpg
Ingres. La bañista de ValpinÇon. Museo del Louvre.1808.

 

“La sonrisa etrusca” de José Luis Sampedro

Escrito por José Luis Sampedro en 1985 cuando él mismo cumplía con sus sesenta y ocho años y tenía a Miguel, su único nieto de cinco años; no es una autobiografía, pero sin duda tal como él sostiene, no podía haberlo escrito en otro momento que no fuera ese.“La sonrisa etrusca” narra la historia de Salvatore Roncone, un viejo terco, partisano y cabrero de un pueblo Cántabro, que es trasladado a Milán por su hijo Renato para tratarle en condiciones un ya severo cáncer. Allí a parte de conocer la contraría y superficial vida burguesa que se vive en Milán, conoce a Bruno, su único nieto, un bebe de 1 año y su tocayo en la más valiosa época de su vida, la resistencia italiana. Esas casualidades y la irremediable aventura de hacerse adulto el bebé, reviven en Salvatore sus años mozos y ciertos sentimientos que antes, con su mentalidad tan cerrada, no se había replanteado. Así pues la sonrisa etrusca es la última y breve aventura de un viejo de tosca mollera que nos demuestra, que nunca es tarde para vivir..
Y vosotros, ¿lo habéis leído? ¿Qué os ha parecido?

 William Ernest Henley (1849–1903)

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.


 

Mas allá de la noche que me cubre,

negra como el abismo insondable,

doy gracias al dios que fuere

por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias

no he gemido ni llorado.

Sometido a los golpes del destino

mi cabeza sangra, pero está erguida.

Más allá de este lugar de ira y llantos

donde yace el horror de la sombra,

la amenaza de los años

me halla, y me hallará sin temor.

No importa cuán estrecho sea el camino,

ni cuán cargada de castigos la sentencia,

soy el amo de mi destino,

soy el capitán de mi alma.

 

Gustave Moreau, 1864

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Gustave Moreau, Edipo y la esfinge, MOMA, 1864.